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De Película (Parte 1)

Sep 29
5 min read

Updated: Oct 7

En aquellos días, ir a cine era el plan con el mayor retorno de inversión para el elevado costo que tenía.

La boleta costaba unos 15 pesos, y si se le sumaba el transporte de ida y vuelta y algún mecato de la dulcería, todo el plan costaba una pequeña fortuna para la época, sobre todo para mi presupuesto. Admito que en mi caso la ida a cine siempre requería un paquete de Salvavidas multicolores, de esos que le cortaban a uno la lengua cuando el confite ya estaba casi desecho de chuparlo intensamente.

Vuelvo al eje del cuento: De esa época y de las que vinieron después, me dieron ganas de volver a algunas bandas sonoras y a piezas conocidas y menos conocidas de ellas. Aquí van, a cuentagotas...

Vals, de la película El Padrino: El solo de trompeta de el Vals que Nino Rota compuso para El Padrino es uno de los sonidos más solitarios y melancólicos que uno pueda oír. Esos primeros 45 segundos pintan la silueta de don Vito Corleone, el capo de la mafia que encarnara Marlon Brando, y cuando a la trompeta se le suma el sombrío tañido de campanas de duelo, la imagen mental del personaje gana profundidad y textura, aun sin haberlo visto. Una viola toma la melodía y facilita la transición al rítmico 1-2-3 de este hermoso vals macabro de sabor napolitano por la instrumentación que usó el maestro Rota:

As Time Goes By, de la película Casablanca: Llámenme lagrimafloja y tendrán razón. En una de las escenas más conocidas del Silver Screen, los ojos de Ilsa -diosa encarnada en Ingrid Bergman- le piden a Sam, el pianista del bar más popular de Casablanca durante la ocupación nazi, que toque la canción que solía compartir con su amor perdido, aquel del que la guerra la separó el día que los alemanes se tomaron París. Sam se niega pero ella insiste (de allí nació la muy gringa expresión “play it again, Sam” que, por cierto, jamás se pronuncia en la película).

Rick es el dueño del bar. Al escuchar la melodía, corre dolido y furioso a reclamarle a Sam por tocar la canción prohibida y así descubre que Ilsa está allí, sentada junto al piano, escuchando As Time Goes By, la pieza que ella pidió para revivir un amor que aún la quema por dentro. Rick es encarnado en la película por Humphrey Bogart. ¿Quién más podría hacer ese papel de ojos tristones y corazón impulsivo?

El aire cae pesadamente sobre todos, y no hay tiempo para aclaraciones: aparece Víctor, el pretendiente actual de Ilsa, y la tensión aumenta todavía más… ¿Ópera? ¿Telenovela? ¿Drama histórico? Un poco de todo.

Es la mejor película mala que he visto, y me encanta verla. No falla: siempre lloro.

¡Ah! ¿y la canción? Pues bien, As Time Goes By es una de las canciones más reconocibles de todo el repertorio cinematográfico. En la película es interpretada por Dooley Wilson que hace el papel de Sam.

Un Hombre y Una Mujer, de la película homónima de Claude Lelouch, de 1966. La música es del entonces muy joven Francis Lai, y con el tiempo se hizo uno de los prototipos, todo un himno de la música lounge.

Lai se convertiría en una de las mayores figuras de la música para películas europeas de los años setenta, haciendo la banda sonora de Love Story, algún western, y hasta música para películas del subgénero erótico/soft-porn: Lai es el autor de la música de Bilitis, Emmanuelle, y de Flores de Pasión. La música es buena, las películas mencionadas en la frase anterior son muy regularetas, y sus actrices, comenzando por la espectacular Natasha Kinski (cuyo nombre acabo de aprender que se escribe Nastassja) son muy, muy hermosas.

Aquí hay una versión de YouTube de la banda sonora de la peícula, en gloriosos sonido monofónico:

4. Last time I Felt like This, de la película El Próximo Año a la Misma Hora. Recuerdo que lo que me motivó a ver esta película fue la curiosidad por ver a Alan Alda en algo que no fuera parte de M*A*S*H, la serie de televisión. Resultó ser una buena comedia de situaciones basada en una obra de Broadway en la que una pareja desarrolla una relación extramarital de muchos años con una peculiaridad, y es que siguen sus vidas normales y solo se encuentran para pasar un fin de semana juntos una vez cada año durante el resto de sus vidas, siempre en el motel de carretera en el que se conocieron. Claro, con el paso del tiempo ellos y su relación van cambiando, pero ese fin de semana les permite ponerse al día, adaptarse a sus cambios, replantearse, y seguir adelante con sus vidas.

La canción tema central de la película es cantada a dúo por Johnny Mathis y Jane Olivor. Él fue uno de los baladistas estadounidenses más populares de los años cincuenta y sesenta, galán en su tiempo y muy buen cantante. De ella solo se que, por lo que se ve en la foto de la portada del disco, tiene ojos lindos. La letra de la canción es también preciosa.

Agnus Dei, de la película La Letra Escarlata. Este es un cambio de tercio para entrar en honduras con esta lindísima versión coral de la que es seguramente la obra más famosa de Samuel Barber, un compositor neoclásico estadounidense del siglo pasado cuyas armonías y progresiones son una obra maestra. Se trata del Adagio para Cuerdas, que se presta por su resonancia para transcripciones corales como esta.

La Letra Escarlata es una novela histórica crítica de la doble moral puritana de la colonia en Norteamérica y esta versión es de Robert Shaw, un gigante del género coral que le da un tono muy religioso, apropiado para el tema de la película, aunque Barber no concibiera su adagio de esa manera:

¡Esta es música profunda!


Me tomo la libertad de incluír otras dos versiones. La primera es otra versión coral que facilita ver las expresiones de los cantantes:


La segunda es del group VOCES8, reconocidoes mundialmente por su calidad para hacer versiones a capella:


La versión original del Adagio para Cuerdas de Samuel Barber se ha usado con mucha efectividad para escenas muy dramáticas de otras películas, como en el caso del clímax de Pelotón, el drama cinematográfico sobre Vietnam de Oliver Stone, cuando al Sargento Elias (representado por el actor Willem Dafoe) es perseguido y acribillado por soldados norvietnamitas después de que su compañero en armas, el Sargento Barnes, lo traiciona. La música de Barber fue usada en esa escena en un sentido completamente diferente, en el que se aprovecha el crescendo para construir la tensión que llevará al doloroso, inevitable final. Es un ejemplo de integración entre música e imagen:


I Don’t know How to Love Him de la película Jesus Christ Super Star. De esta ópera-rock, la canción de María Magdalena en la que la voz de Yvonne Elliman, con 18 años en aquellos días, tiene una fragilidad y una pureza excepcionales que van muy bien con su personaje:


You’ve Got a Friend in Me, de la película Toy Story, compuesta por el siempre disruptivo Randy Newman. Esta canción siempre le pinta a uno la mejor sonrisa, y me pareció que el contraste con las dos piezas anteriores era interesante:


Continuará...

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