La sorprendente ambigüedad en la que me puso a pensar Elvira Sastre
- carlos21490
- May 2, 2015
- 5 min read
Updated: Oct 23, 2024
Aunque compartimos sentimientos, en realidad sentimos diferente. Déjame explicarme: lo que digo es que cada uno de nosotros siente de manera individual y que por lo tanto, aunque lo intente, yo no puedo sentir exactamente como tu sientes. Sin embargo sí puedo reconocer y hasta identificarme (por presencia o por ausencia) con ciertos rasgos de lo que tu expresas sobre lo que sientes. Para decirlo de otra manera: lo que siento es personal y exclusivamente mío, pero se parece algo a lo que tu sientes, y como resultado de eso que tiene en común lo que sentimos, hemos creado abstracciones a las que lamamos sentimientos.
Vistos así, los sentimientos se me antojan como una especie de mínimo común denominador de lo humano que nos une y nos diferencia al mismo tiempo. Son una especie de conceptualización de lo que muchos sentimos que tiene rasgos comunes. Mi tristeza y mi alegría no son como las tuyas, pero sin embargo, como tienen rasgos similares a los de tu alegría y tu tristeza, podemos agruparlas en palabras-recipiente tales como miedo, ira, deseo, tristeza, alegría... y esas palabras nos dan la ilusión de que sentimos lo mismo aunque en realidad nos refiramos, en el mejor de los casos, a la fracción de lo que sentimos que más o menos nos es común.
Ambigüedades así son la materia prima del arte. Qué curioso: Es en esa zona gris, libre a la interpretación donde se solazan y cocinan no solo las relaciones interpersonales, sino su expresión artística: la literatura, las artes plásticas y escénicas. Si no fuera así, poemas y novelas, pinturas, óperas, esculturas, canciones, cuentos, crónicas, conciertos, películas, fotografías... todos serían una especie de predecible informe científico de ciencia-dura para arrojar luz donde haya oscuridad, o como una religión que no aceptara la duda, opuesta a la ambigüedad, a la deliciosa zona gris donde como sujeto re-elaboro e interpreto el sentimiento que tu expresas y vibro en simpatía contigo a la vez que reconozco y celebro nuestras diferencias.
Lo sé: Trato de explicarlo pero aunque me extiendo, no logro hacerlo claramente. Como último recurso usaré a la poetisa Elvira Sastre como ejemplo de la celebración de esa zona gris. Fue por azar que supe ayer de ella mientras ojeaba la versión digital de El Espectador. Es una madrileña con el valor necesario para mirar hacia dentro y sentir sus sentimientos, y con el bagaje literario requerido para sacarlos y presentárnoslos en paquetes que suenan frescos, sinceros, naturales y bellos, como tiene que ser cuando un autor tiene veintipico años de edad.
Leyéndola me identifico de inmediato con sentimientos de entonces, cuando a los veintitantos todo se siente con una intensidad especial, y en particular, las emociones por las relaciones interpersonales son protagonistas de nuestra vida. Esa es, en mi caso, la zona gris donde me vibro con ella, vuelvo a esa edad, y rescato sentimientos de entonces... y de ahora.
Dice el artículo de El Espectador que Sastre se ha vuelto muy popular entre los jóvenes, que sienten que los versos de la poetisa le ponen voz a lo que ellos sienten. Pues bien, esa identificación se da desde aquello que haga que el lector se siente representado en lo leído... y lo realmente milagroso es que por muy parecido que sea el sentimiento expresado en el poema a lo que el lector haya sentido, la identificación siempre tiene mucho, mucho que ver con la interpretación que se le da a la obra en esa zona gris de la que hablaba antes, moldeada por la experiencia y las circunstancias que serán más o menos parecidas, o muy diferentes a las de la autora y su obra. Cualquiera que sea el caso, resulta fácil resonar con eso de:
Quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito
Elvira Sastre
Cualquiera diría al verte que los catastrofistas fallaron: no era el fin del mundo lo que venía, eras tú.
Te veo venir por el pasillo como quien camina dos centímetros por encima del aire pensando que nadie le ve. Entras en mi casa -en mi vida- con las cartas y el ombligo boca arriba, con los brazos abiertos como si esta nocheme ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho, con las manos tan llenas de tanto que me haces sentir que es el mundo el que me toca y no la chica más guapa del barrio.
Te sientas y lo primero que haces es avisarme: No llevo ropa interior pero a mi piel le viste una armadura. Te miro y te contesto: Me gustan tanto los hoy como miedo me dan los mañana.
Y yo sonrío y te beso la espalda y te empaño los párpados y tu escudo termina donde terminan las protecciones: arrugado en el cubo de la basura. Y tú sonríes y descubres el hormigueo de mi espalda y me dices que una vida sin valentía es un infinito camino de vuelta, y mi miedo se quita las bragas y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.
Beso uno a uno todos los segundos que te quedas en mi cama para tener al reloj de nuestra parte; hacemos de las despedidas media vuelta al mundo para que aunque tardemos queramos volver; entras y sales siendo cualquiera pero por dentro eres la única; te gusta mi libertad y a mí me gusta sentirme libre a tu lado; me gusta tu verdad y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.
Tienes el pelo más bonito del mundo para colgarme de él hasta el invierno que viene; gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca y una boca que me mira mejor que tus ojos; guardas un despertar que alumbra las paredes antes que la propia luz del sol; posees una risa capaz de rescatar al país y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.
Y de repente pasa,sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar y mi saliva se multiplica queriendo más, cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte, paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina.
Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.
Es fascinante sentir como nos encontramos desde la ambigüedad: Los enamorados compartimos los sentimientos de inseguridad, ilusión, amor, deseo y demás presentes en el poema… pero cada uno de nosotros los siente de manera diferente, para darle la variedad y ese sentido de aventura que tanto necesitan las relaciones. Y si todo no colapsa en el caos y la confusión, es simplemente porque sigue teniendo como estructura eso que tenemos (o creemos, o queremos tener) en común, y porque tenemos la posibilidad de continuar el diálogo y reducir las dudas.
Otras perlas tomadas de escritos de Sastre:
Hazme polvo
En la cama. En el suelo. De espaldas.
Agachada. Sobre la mesa. Contra la pared. Aquí. Allí.
Hazme polvo y luego,
sopla
A tí podría decirte
que para mí
cualquier lugar
es mi casa si eres tú
quien abre
la puerta
Bésame, me dijo.
Yo le entendí: Vérsame.
Y ahí empezó el p(r)o(bl)ema
Unas más ambiguas que otras, todas son hermosas, y hay más, muchas más. Para disfrutarlas, pásate por el sitio oficial de Elvira Sastre: http://elvirasastre.net/index.html
Sobremesa: Es que no solo sentimos diferente de los demás. También cada uno de nosotros siente diferente según la edad. De no ser así, ¿de que serviría envejecer?



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