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Comunión Cultural

Updated: Nov 1, 2024

Ya van diez años de la publicación de Lágrimas Negras, el fabuloso disco hecho por dos músicos de disimiles orígenes que encontró eco en el alma de los que disfrutamos con la buena música a ambos lados del Atlántico: De este lado, Bebo Valdés, el octogenario genio de la música cubana (que tristemente murió este año); del otro, el madrileño Diego Ramón Jiménez Salazar, conocido en el ámbito flamenco como El Cigala.

Su música busca puntos de encuentro entre el flamenco y la música caribeña, en una especie de orgía incestuosa de ritmos, melodías y armonías en la que participan gustosas la sensualidad del obstinato del contrabajo de los boleros, la rica percusión del caribe, el impredecible, siempre perfecto fraseado de El Cigala, su presencia en el escenario, la emotividad de la guitarra flamenca, y la elegancia de las armonizaciones del piano de Valdés, que pasa de lo clásico a lo popular, de lo acordado a la improvisación con una aparente facilidad que solo es posible cuando se es un Maestro.

Esta música respeta y destaca sus raíces, y la vez proyecta un futuro conjunto de nuevas posibilidades que se me antoja como una imagen de lo que el encuentro de las culturas podría ser, en vez del conflicto y violencia que frecuentemente ocurre (idealista que soy yo. Soy incurable). Al oír esta música quedo pensando que quizás no estoy solo. Otros parecen coincidir.

Pero las palabras no son adecuadas para describir todo esto. Tomo como ejemplo Hubo un Lugar, donde la guitarra y la voz sientan el ambiente para el cubanísimo piano que junto a la percusión crea este fabuloso híbrido:


A que le gustó, ¿no?

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© 2019 Carlos Echeverri

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