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Historias de Serrat

Updated: Oct 23, 2024

Me encanta la faceta de Serrat que cuenta historias, involucrándonos en ellas y haciéndonos sentir que de alguna invisible manera son nuestras. Son tantas y tantas que los nombres se agolpan, se enredan y muchas se riegan tratando de pasar por el embudo de estos párrafos. Venga, siéntese un ratico y a lo peor, nos metemos juntos en una o dos de esas historias... o a lo mejor, en otras más. Eso sí: como tienen vida propia, advierto que muchas de sus historias no se dejan atrapar y se dispersan de nuevo para re-elaborarse en la mente de quién las escuche la próxima vez. Otras, más dóciles, se acercan por unos minutos y se pegan al alma, la cambian, y luego se van a tocar a otros que las escuchen. Está, por supuesto, la del novio irreverente de la hija de la Señora (…Ese con quién sueña su hija, ese ladrón que os desbalija, de su amor soy yo, Señora…). La de la sirvienta que sueña con un futuro de princesa para su hija (… Tú eres la rosa que fue a nacer entre cardos, como revancha a un arrabal despiadado en donde el día se ocupa de echar por tierra toda esperanza…), la de la mujer encinta (… Se le hinchan los pies, el cuarto mes le pesa en el vientre, a esa muchacha en flor por la que anduvo el amor derramando simiente…), la de la campesina cuyo nombre delata su origen (Campesina… se sabe en tu nombre), y también la de la jovencita arribista que se vendió por el oropel de la comodidad económica y ve por la nariz y piensa con la vagina… La de Juan y José, los amigos a quienes no pudo separar ni el tiempo ni la distancia, alimentados por las cartas de José, que  con olor a ron, cargadas de promesas, Juan leía mientras ponía la mesa y releía sin prisa en el café… y es que José, aventurero, se fue a América, mientras que Juan se quedó en el pueblo que los vio nacer y se casó con la novia de siempre. Así que cuando José preguntaba: Cómo puedes conformarte, Juan, con un solo cielo si hay toda una América del otro lado del mar, Juan, paciente, respondía que con las alas de tus cartas, José, atravesé todos los cielos de América contigo, ¡amigo! y la amistad sobrevivió y se alimento de las diferencias. Otra: la que se nos cuenta en primera persona del que se enamoró del maniquí de cartón piedra que era la gloria vestida de tul con la mirada lejana y azul, que sonreía en un escaparate con la boquita menuda y granate, y le pedía que la liberara… y él, cómo no, de una pedrada se cargó el cristal y corrió, corrió con ella hasta su portal; y todo su cuerpo le tembló en sus brazos… y bajo la lluvia bailaron un vals en uno de esos arrebatos de amor de los que solo los que hemos tenido suerte hemos vivido, y los demás... soñado. Mientras fui a servirme un café, otra historia se me acercó y se dejó contar por un rato: La del pordiosero cuya única compañía en el mundo, su perro Benito, lo acompaña hasta en su sueño más virguero, en el que se la pasó de charla y tomando copas en un sitio divino, con todo un caballero, y tú también venías Benito ¡Y había sopa y gambas, y chuletas, y alubias con chorizo y café, copa y puro! como en los buenos tiempos... pero Benito, durmiendo a su lado, no despertó nunca del sueño: Benito... ¿No me escuchas...? ¿Qué te pasa Benito...? No vayas a morirte ¡No me hagas eso! Después de eso, mi café tenía un sabor agridulce, como nunca antes. La de Penélope, qué… bueno, ¿quién no conoce la historia de Penélope? ¿Qué no la conoce? Esa que cuando él regresa a buscarla, después de años de ella esperarlo en el andén de la estación del tren, y le dice: Penélope, mi amante fiel, mi paz, deja ya de tejer sueños en tu mente. Mírame, soy tu amor, ¡regresé! y le sonrió con los ojos llenitos de ayer, pero no era así su cara ni su piel, así que Penélope solo le dijo "Tú no eres quien yo espero" y se quedó con el bolso de piel marrón y sus zapatitos de tacón sentada en la estación… Y si estaba usted pensando en la Penélope de La Odisea, pues es la misma... casi. Viene otra historia más a mi: la de Irene, que tiende sus trapos al sol, prestando misterios a la siesta de bragas comprometedoras y sábanas alcahuetas, que tiende el alma en el balcón y el viento indiscreto la explora, resucitando formas gorditas y habladoras... invitando a conocerla. O la de aquel otro enamorado que espera ansioso la llegada de su amada y cuando finalmente suena el timbre, se asoma por la mirilla de la puerta para ver caramelos asomándose a un escote y una gran sonrisa rodeada de mujer con olor a hierbabuena, presagiando la gloria en cinemascope... ¿Qué tal la del pirata que encontró el amor en la popa de un velero, y traicionando la ley del filibustero no reclamó el rescate, y rehuyó el combate? y la del loco que sí sabía para donde ir? ( ...hacia donde apunten tus pezones...) ¿Cómo no sentir el dolor, la pasión, el amor, el deseo, la rabia, el desaliento de estos personajes? Había que no ser humano. Y hay más, ¡tantas y tantas historias más! Pero hoy solo se dejó atrapar una más, que me gusta mucho. Es la del cantaor flamenco que, mal retribuido por su amor, llora cantando:

Ay, mi amor, sin tí no entiendo el despertar

Ay, mi amor, sin tí mi cama es ancha

Ay, mi amor, que me desvela la verdad:

Entre tú y yo, la soledad y un manojillo de escarcha.

(Fragmento de Romance de Curro “El Palmo”)

Puede ser una de las declaraciones de amor más lindas y la vez más tristes que se hayan hecho. La versión original, grabada por Serrat en el '74 es magnífica. Hay otras muy buenas, incluyendo la de Antonio Vega, y una de del mismo Serrat con Alejandro Sanz que acaba de regrabarse para la celebración de los 50 años de vida artística del maestro Serrat, como parte del álbum Antología Desordenada (como curiosidad, aquí hay un video de los dos cantándola en vivo hace algunos años). Y si le extraña la combinación, es que no ha escuchado a Sanz haciendo flamenco ¡Es magnífico! Y ya que estamos en estas, aquí hay otra versión, desconocida para mi hasta ahora. La hace Clara Montes con David Orantes tocando el piano:



Estas son algunas de las historias de Serrat que se dejaron mimar por mi hoy. Mañana, mañana serán otras las que se acerquen y se dejen atrapar, que me recuerden cuanto compartimos los que nos decimos humanos, me cambien, y después escapen a buscar otros que las escuchen. https://open.spotify.com/embed/user/carlosalbertoecheverri/playlist/4d1sSBMMMgdJVzwQHiSPhE

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