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Miguel Hernandez, Serrat, y el resto de nosotros

Updated: Nov 1, 2024

Una y otra vez me pasa igual: después de algún tiempo vuelvo a escuchar el disco de Serrat Miguel Hernandez, y la comunicación con el poeta y su intérprete se hace transparente. El sentimiento puesto en los versos y la melodía viajan directo al corazón, y se siente su miedo, su coraje, su amor, su tristeza y su dolor como si fueran propios. ¿A quién que conozca lo que es la amistad no se le encoge el alma con eso de…

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas

y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento Un manotazo duro, un golpe helado,

un hachazo invisible y homicida,

un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida,

lloro mi desventura y sus conjuntos

y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,

y sin calor de nadie y sin consuelo

voy de mi corazón a mis asuntos.


Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormenta

de piedras, rayos y hachas estridentes

sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.


Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera:

por los altos andamios de las flores

pajareará tu alma colmenera


de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejas

de los enamorados labradores.


Alegrarás la sombra de mis cejas,

y tu sangre se irán a cada lado

disputando tu novia y las abejas.


Tu corazón, ya terciopelo ajado,

llama a un campo de almendras espumosas

mi avariciosa voz de enamorado.


A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

Elegía a Ramón Sijé

El Rayo que no cesa, 10 de enero de 1936



A medida que uno lee y/o escucha, la impotencia ante la muerte del amigo y mentor, la tristeza y la desesperación de la ausencia se le encaraman a uno y se sienten propias, aun cuando no lo sean, y se llora y se ama con el poeta y el canta-autor. Es inevitable. Aquí va otro ejemplo, está vez en un tono amoroso, esperanzado, pero siempre con ese dejo negro, noir, o mejor dicho, en palabras de Hernandez, oscuro:

Menos tu vientre,

todo es confuso.

Menos tu vientre,

todo es futuro

fugaz, pasado

baldío, turbio.

Menos tu vientre,

todo es oculto.

Menos tu vientre,

todo inseguro,

todo postrero,

polvo sin mundo.

Menos tu vientre,

todo es oscuro.

Menos tu vientre

claro y profundo.

Menos tu vientre

Cancionero y romancero de ausencias, 1942



Que esta sea una invitación para leer más de Hernandez, y para escuchar los dos discos que en su homenaje ha hecho Serrat. ¡He aquí un buen plan para el receso de fin de año!

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